la basura con violencia—. ¡¿Quién le dio autorización para tratar a esta escoria?! ¡Exijo saber quién desobedeció mis órdenes directas!
La Dra. Carmen salió de la sala de médicos, erguida y con la frente en alto.
—Fui yo, doctor Garza. Y usamos sangre de Valeria, mediante transfusión directa, porque el banco estaba vacío y usted nos negó el apoyo.
Garza se llevó las manos a la cabeza, riendo con una burla sádica.
—¿Transfusión directa? ¿De la mujer del aseo? ¡Ustedes tres son unas incompetentes! ¡Están despedidas! ¡Lárguense de mi hospital