—¡Siempre tiene que complicarlo todo!
Fabián aseguró que podía regresar otro día, aunque insistió en llevarse una hoja donde yo había escrito mi nombre con una firma deliberadamente distinta de la registrada.
No consiguió mi autorización, pero creyó que aquella muestra le serviría para continuar su plan.
Lo que ninguno imaginaba era que mi celular estaba grabando nuestra conversación.
Cuando salieron al pasillo, escuché a Fabián murmurar:
—Primero resolvemos los papeles. Después conseguimos que el médico recomiende ingresarla. Allí nadie va a discutir sus decisiones.
Patricia soltó una carcajada.
Y