el dinero, la dignidad y su matrimonio.
Pero también vi al niño que alguna vez me esperaba a la salida del trabajo con un dibujo hecho para mí.
Recordé entonces otra frase de Julián.
«Si nuestro hijo cae, no te arrojes al mismo pozo para rescatarlo. Espera a que reconozca dónde está y ayúdalo a encontrar la salida».
—No vas a quedarte aquí como si nada hubiera pasado —le dije—. Pero tampoco voy a abandonarte si verdaderamente quieres cambiar.
Le puse tres condiciones.
Tenía que buscar tratamiento para su adicción