estaba cerrando el local, alguien tocó la puerta.
Era Patricia.
Tenía los ojos hinchados y sostenía una cajita.
—No vine a pedirle que me perdone —dijo—. Vine a devolverle algo.
La abrió.
Adentro estaba el anillo de bodas de Julián, que había desaparecido meses atrás.
—Lo saqué de su habitación. Pensaba venderlo, pero nunca pude hacerlo.
Tomé el anillo sin pronunciar palabra.
—Sé que lo que hice fue horrible —continuó—. Y sé que perdí a mi familia por mis propias decisiones.
Respiró profundamente.
—Solo quería darle las gracias por no