fui a buscarlo.
Cuando le conté lo ocurrido, abrió un cajón y sacó un sobre amarillento.
—Julián me pidió que te entregara esto cuando verdaderamente lo necesitaras.
Adentro encontré una carta, una pequeña llave de latón y la tarjeta de una abogada llamada Gabriela Vargas.
La primera página estaba llena de palabras de amor.
En la segunda, mi esposo explicaba que meses antes de morir había descubierto a Patricia intentando conseguir documentos sobre nuestra propiedad mediante un gestor llamado Fabián Meza.
Pero lo que más me destrozó estaba en la