muchos calculaban en más de 720 millones de pesos.
Y esa mañana yo no podía pagar ni el mandado.
Dejé todo ahí. Caminé al estacionamiento con la espalda derecha, aunque las manos me temblaban tanto que casi se me caen las llaves.
Llamé al banco desde el coche. Después de música horrible, claves, transferencias y tres ejecutivos que no sabían qué decir, una mujer por fin habló bajito.
“Señora Beatriz Beltrán, sus cuentas aparecen bloqueadas por instrucción legal. No puedo darle más detalles por teléfono.”
No necesité más detalles.
Sabía