Mi hijo congeló todas mis tarjetas para que ni siquiera pudiera comprar comida… Pensó que ya controlaba nuestro imperio automotriz de 720 millones de pesos, hasta que una llamada del banco me reveló que él no tenía idea de quién seguía teniendo la última llave.

quién había sido.

Mi hijo, Alejandro.

Mi único hijo.

El niño por el que recé después de dos pérdidas. El que cargué con fiebre a las tres de la mañana. El muchacho al que puse a lavar coches en la primera agencia para que entendiera que el apellido no daba derecho a nada.

Y el hombre al que le di un poder notarial cuando me operaron la cadera, porque pensé que la sangre todavía significaba lealtad.

Manejé directo a su casa en Lomas Verdes.

La camioneta alemana de Alejandro estaba