El Panadero Que Defendió La Dignidad De Un Albañil Y Cambió Un Barrio

El chico que siempre llega tarde y pide café para llevar.

El jubilado que finge que solo viene por una magdalena, pero se queda hablando veinte minutos.

Y Miguel.

Miguel a las ocho y diez.

Dos porciones.

Monedas exactas.

Buenos días, Andrés.

El jueves, cuando ya estaba limpiando la bandeja de empanadas, entró Lucía.

Sola.

Traía la mochila colgada de un hombro y el pelo más despeinado que el sábado.

Me preocupé al verla.

—Lucía, ¿todo bien?

Ella se quedó en la puerta, apretando las manos.

—Mi papá dice que