mano para detenerla.
—Antes de abrazarme, devuélveme algo.
Me miró confundida.
—¿Qué cosa, cariño?
—Mi anillo de bodas. El que me quitaste mientras creías que estaba muerto.
Sus lágrimas desaparecieron.
—No entiendo…
—Me lo quitaste ayer por la mañana. Dijiste que ya no lo necesitaba.
Le mostré el dedo marcado.
Después señalé la copa que llevaba un agente dentro de una bolsa transparente.
—También buscabas esto desesperadamente. ¿Recuerdas? La copa que me entregaste durante nuestro brindis.
Octavio se puso rígido.
Leticia comenzó a mirar hacia las salidas.
—Arturo, estás confundido.