buscó mantas, intentó mantenerme caliente y vigiló mi respiración mientras esperaba la oportunidad de conseguir ayuda sin alertar a quienes consideraba peligrosos.
—Tuve miedo de equivocarme —confesó—. Pero tuve más miedo de dejarte morir sin hacer nada.
Le pregunté por qué no me había contado aquello antes.
—Porque salvarte no era lo importante. Lo importante era que siguieras vivo.
Lo abracé durante varios minutos.
Con el tiempo, la justicia también llegó.
La pareja fue procesada, las pruebas permitieron establecer sus responsabilidades y recibieron largas condenas de prisión. El registro de