molestarse cada vez que le preguntaba dónde había estado.
—Estás imaginando cosas, Elena. Trabajo demasiado para que a ustedes no les falte nada.
Mariana me consolaba mientras tomábamos café.
—Hermana, a veces eres demasiado desconfiada. Ricardo no sería capaz de engañarte.
Terminé creyendo que el problema era yo.
Un día Ricardo anunció que ya no me amaba. Se marchó sin discutir, prometió depositar una pensión mensual para Valeria y aseguró que quería separarse civilizadamente.
Mariana estuvo conmigo durante todo el proceso. Incluso me aconsejó no exigirle demasiado dinero porque, según