padre a conocer a alguien.
Al principio se negó, pero cambió de opinión cuando vio cómo don Ernesto comenzó a recuperar la alegría después de conocer a Elena.
Ella tenía 51 años, era viuda y atendía un pequeño taller de costura. Se habían conocido en unas actividades del centro comunitario.
Elena era sencilla, trabajadora y tenía una manera muy especial de hacerlo reír.
Pronto mi suegro volvió a arreglarse para salir, compró plantas para el patio y hasta empezó a ponerse loción.
Yo estaba feliz por él.
Patricia, en cambio,