más familia. Lloró en la oficina. Era un actorazo. Lo dejaron ahí. Mateo me confesó después: “Mamá, no lloré. Me la pasé contando los días desde que te ‘moriste’, y los números no me cuadraban. Yo sabía que estabas viva, nomás no podía probarlo”.
Día seis. Sábado. El robo. Diego fue a tres cajeros automáticos diferentes y vació mi tarjeta de débito. Se llevó 350,000 pesos. Todos mis ahorros. El dinero que junté vendiendo un terrenito de mi papá para pagarle la universidad a Mateo. Él se sabía mi