doctor. Le expliqué todo, palabra por palabra. “Soy Valeria, estoy en su lista de muertos, renglón 4. Y quiero saber a quién demonios enterró mi marido con mi nombre”. Hubo un silencio sepulcral en la línea. “No se mueva, llego en dos horas”, respondió Garza con voz grave.
Firmé mi alta voluntaria. La enfermera me prestó unos tenis blancos que me quedaban dos tallas más grandes y me puse una bata de hospital gris, desgastada. Me metió un billete de 500 pesos en el bolsillo. “Por si necesitas donde dormir