contra mi pecho con la fuerza de un naufragio. Diego, desesperado, trató de justificarse con voz llorosa. “Valeria, Vale, fue el shock… estaba destrozado. Vi el cabello y mi dolor me cegó…”.
—¿Tu dolor? —lo interrumpí sin soltar a mi hijo—. Dolor es que te digan que alguien murió. Pero tú vaciaste mi cuenta en tres cajeros el sábado. Robaste 350 mil pesos. ¿Ese fue tu duelo? ¿Correr a mi madre el cuarto día? ¿Aventar a mi hijo al DIF el quinto día diciendo que no era tu obligación mantenerlo?