pasar junto a su mejor amigo, este le bloqueó el paso. “Me invitaste a tu casa nueva el día que cargué a tu supuesta esposa”, le dijo el amigo, escupiendo las palabras. “No vuelvas a buscarme en tu maldita vida”.
Se lo llevaron. Garza me pidió que me presentara al día siguiente para formalizar mi “resurrección”. Me quedé en medio de la sala. Veinte personas estaban mudas. Caminé hacia la foto de mi ofrenda, le arranqué el moño negro, agarré el pan de muerto, lo partí a la mitad, le