en mi empresa.
—Exactamente.
—Y utilizó esa posición para despedir ilegalmente a mi hija.
—Estaba intentando protegerse.
—De su esposa.
—El matrimonio estaba terminado.
La miré.
—Entonces podía pedir el divorcio.
Beatriz apretó los labios.
—Tú nunca entenderás lo que una madre hace por un hijo.
Eso sí consiguió hacerme sonreír.
—Beatriz, precisamente porque soy madre no falsifiqué documentos para salvar a Daniela de las consecuencias de sus propias decisiones.
Se quedó callada.
—Tú no protegiste a Sebastián.
Me incliné hacia ella.
—Le enseñaste que cada límite podía apartarse si