que nadie el horario de la boda.
Yo le había creído.
Porque era mi amiga desde la preparatoria.
Porque había estado conmigo cuando murió mi papá.
Porque confiaba en ella como en una hermana.
Del otro lado de la pared, Fernanda murmuró:
—Pero Diego sí quiere a Valeria.
Mariana respondió con una seguridad que me heló la sangre:
—Los hombres quieren lo cómodo hasta que alguien les enseña lo que de verdad desean.
Algo dentro de mí se rompió, pero no lloré.
No grité. No abrí la puerta. No hice