El millonario volvió tras 6 años y halló a su madre cargando ladrillos para pagar una deuda falsa, pero el cacique jamás imaginó quién terminaría perdiéndolo todo

cambió su vida.

Teresa, mientras tanto, nunca le contó nada.

En cada llamada decía lo mismo:

—Aquí todo tranquilo. Tú échale ganas.

Ahora Santiago entendía que era mentira.

Frente a él se extendía la ladrillera de Evaristo Mondragón, el hombre más temido de aquella zona de Puebla.

Evaristo prestaba dinero, compraba cosechas, controlaba camiones, terrenos y hasta decidía quién conseguía trabajo.

Quien le debía, prácticamente le pertenecía.

Santiago bajó de la camioneta justo cuando un capataz llamado Ramiro pateó la cubeta de agua hacia un montón de tierra.

—Primero terminas