casa de mi hija?
Nadie respondió.
Entonces escuchamos que alguien tocaba la puerta.
Verónica se sobresaltó.
Abrí.
Había dos agentes acompañados por una funcionaria encargada de dar seguimiento a la denuncia.
Uno de los agentes explicó que necesitaban notificar formalmente a Verónica sobre la investigación y solicitar su comparecencia.
Mi esposa retrocedió.
—Rafael, por favor.
No contesté.
La funcionaria le
explicó que las acusaciones eran graves y que debía atender el procedimiento correspondiente.
Verónica comenzó a gritar.
—¡Todo esto es culpa de esa niña! ¡Siempre ha querido separarnos!
Aquellas palabras