abandonado porque Verónica decía que era una pérdida de tiempo.
También comenzó a invitar a dos amigas a casa.
Pequeñas cosas.
Cosas que para otros adolescentes parecían normales.
Pero que para mí eran señales de que estaba recuperando su vida.
Una tarde le pedí que se sentara conmigo en la sala.
Sobre la mesa había una caja de madera.
Era la misma donde Mariana guardaba sus recuerdos.
Valeria la reconoció inmediatamente.
—¿La caja de mamá?
Asentí.
—Encontraron algunas cosas que no sabíamos que todavía existían.
La abrió lentamente.
Dentro había