Mateo se acercó solo después de preguntarle si podía abrazarla.
—Tengo miedo —susurró ella.
—Yo también. Y eso que llevo media vida entrando en quirófanos.
Al ver su pequeña sonrisa, Lucía recordó por qué se había enamorado de él.
Mateo pidió a la doctora Elena Sáez que se encargara de la valoración y del seguimiento. Explicó que su vínculo personal les impedía mantener una relación médica imparcial. La especialista revisó los análisis, calculó las semanas aproximadas y programó otra visita para comprobar la evolución. No prometió certezas prematuras, pero sí