les explicó los cuidados iniciales.
Al salir, Mateo aguardaba junto a una máquina de café, sin bata. No le pidió que volvieran a vivir juntos. Le preguntó si podía acompañarla a casa.
Durante el trayecto hablaron del embarazo, del alquiler y de sus trabajos. Lucía tenía contratos pendientes en su estudio de interiorismo. Mateo le aseguró que no esperaba que abandonara nada. Ambos acordaron conocerse otra vez, sin utilizar al bebé como pegamento para una relación rota.
Parecía un comienzo difícil, pero posible.
Hasta que, el sábado, Antonio encontró en