Valeria bajó la mirada.
—Pasé tres años pensando que ya había perdido mi oportunidad.
—¿De qué?
—De tener esto.
Miró hacia la casa.
—Una familia. Alguien esperándome. Una niña que me pregunte cuándo voy a volver.
Daniel apretó sus manos.
—No puedo prometerte que todo será fácil.
—No quiero que lo sea.
—Tengo una hija que manda demasiado.
—Eso ya lo sé.
—Mi madre va a preguntarte si comiste cada vez que te vea.
—También lo sé.
—Y yo todavía tengo días difíciles.
Valeria lo miró.
—Yo también.
Daniel sonrió.