mandíbula.
—Lo del formaldehído era cierto.
Me quedé mirándolo.
Y me eché a reír.
De verdad.
No podía parar.
Su expresión se volvió incómoda.
—¿Qué es tan gracioso?
—Que todavía estás defendiendo el formaldehído.
—Era una preocupación real.
—Daniel.
Me limpié una lágrima de risa.
—No importa.
—Sí importa si me acusas de doble estándar.
—Perfecto.
—Busca la composición de StellaLou.
—¿Qué?
—La que tienes en el coche.
—Eso es absurdo.
—Exactamente.
Finalmente comprendió.
—No quería poner otra muñeca.
—Lo sé.
—No tiene nada que ver con Natalia.
—También lo