televisión.
—¿Dónde estabas?
—Con la ex de Daniel.
Casi dejó caer el mando.
—¿Qué?
—Nada dramático.
—¿La golpeaste?
Me eché a reír.
—Mamá.
—Pregunto.
—Tomamos café.
—Eso es peor. Muy civilizado.
Me senté.
Ella apagó la televisión.
—¿Descubriste algo?
—Sí.
—¿Te engañó?
—No.
Mi madre pareció confusa.
—Entonces…
Sonreí.
—Mamá, sigues buscando una razón enorme.
Ella comprendió.
—Perdón.
—No pasa nada.
—¿Te duele menos sabiendo que no hubo infidelidad?
Pensé.
—No.
—¿Por qué?
—Porque el problema nunca fue que estuviera acostándose con ella.
—Fue que yo siempre era la persona