pasado casi tres años.
“Encontré algo tuyo.”
Adjuntó una fotografía.
Una bufanda.
La había dejado en su apartamento.
Respondí:
“Puedes donarla.”
Tardó unos minutos.
“¿Cómo estás?”
“Bien.”
“Me alegro.”
Después:
“Voy a casarme.”
Me quedé mirando.
Sentí una punzada.
No dolor.
Historia.
Respondí:
“Felicidades.”
“Gracias.”
Luego escribió:
“No es Natalia.”
Me reí.
“Eso no necesitaba aclaración.”
“Lo sé.”
Pausa.
“Creo que quería que supieras.”
“Ahora lo sé.”
Pensé que terminaría ahí.
Pero llegó otro mensaje.
“Elena.”
“Sí.”
“Finalmente tiré la StellaLou.”
Me quedé quieta.
Escribí:
“No tenías que hacerlo.”
Su