Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

respuesta fue inmediata.

“Ahora lo entiendo.”

Sonreí.

Eso sí era una respuesta.

Meses después recibí invitación a su boda.

No fui.

No porque me doliera.

Porque no tenía razón para estar allí.

Le envié un regalo.

Una cafetera.

Nada simbólico.

Él respondió:

“Gracias.”

Yo puse un corazón.

Y terminó.

Mi madre conoció a Tomás un año después.

Lo sometió a un interrogatorio insoportable.

Trabajo.

Familia.

Ingresos.

Planes.

Tomás respondió todo.

Después, cuando ella fue al baño, me susurró:

—Ahora entiendo de dónde sacaste tu intensidad.

Lo golpeé en el brazo.