Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

no tendríamos que ir al banco ni preocuparnos por las facturas.

—¿Le disteis acceso a vuestra cuenta?

—Le autorizamos a ayudarnos con algunas gestiones —explicó Pilar—. Nos dijo que era más sencillo.

Saqué el teléfono y abrí los registros de las transferencias que había realizado durante los últimos dieciocho meses.

El dinero se había enviado puntualmente a la cuenta que Sergio me había indicado, supuestamente para cubrir las necesidades de mis padres.

—¿Cuánto dinero os da Sergio cada mes? —pregunté.

Mi madre se quedó pensativa.

—Él compra comida, paga algunas