Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

cosas… No sabemos exactamente cuánto cuesta todo.

—¿Y tenéis dinero para vuestras medicinas, ropa y gastos personales?

Pilar tardó en responder.

—A veces tenemos que esperar.

Sentí un nudo en el estómago.

Mi padre, que había trabajado toda su vida para que sus hijos no pasaran necesidades, estaba esperando para comprar sus propias medicinas mientras el dinero que yo enviaba supuestamente para cuidarlo pasaba por las manos de otra persona.

Miré a Sergio.

—Quiero ver los movimientos de esa cuenta.

—No tienes ningún derecho a exigirlos.

—No he dicho que