Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

casa?

—¡No les estoy quitando nada! La casa seguirá siendo de la familia.

—¿De qué familia? ¿De la familia que los obliga a servir la comida mientras vosotros os sentáis a esperar?

Mónica dejó la carpeta sobre la mesa con un golpe.

—No tienes derecho a venir aquí después de meses sin aparecer y juzgar cómo vivimos.

Aquella frase me dolió porque contenía una parte de verdad.

Había pasado demasiado tiempo lejos. Me había convencido de que las llamadas y el dinero bastaban para asegurarme de que mis padres estaban