Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

bien.

Pero no bastaban.

Aun así, no iba a permitir que utilizaran mi ausencia para justificar lo que estaba viendo.

—Tienes razón en una cosa, Mónica. He venido poco. Eso es responsabilidad mía. Pero no me da menos derecho a preocuparme por ellos, y mucho menos os da derecho a decidir qué hacer con su patrimonio sin su consentimiento.

Sergio soltó una carcajada.

—Siempre has sido el favorito. Llegaste a esta casa cuando ya estaba todo hecho y, de repente, todos tenían que preocuparse por ti. Ahora vienes con tu