Unas semanas después su rostro estaba más delgado, los brazos parecían frágiles y el vientre, en cambio, se veía redondo y tenso.
Parecía embarazada.
Yo había pasado por un embarazo hacía poco. Reconocía aquella silueta.
La idea me pareció absurda.
Después empezó a parecerme sospechosa.
Quise llevarla al médico, pero se negó.
—No gastes. Se me va a pasar.
Diego dijo que seguramente estaba agotada por cuidar a Sofía.
Y yo acepté esa explicación porque era cómoda.
Hasta aquella tarde.
Regresé temprano y encontré a mamá inclinada frente al inodoro,