LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

árboles.

Al final había una casa de una sola planta, con paredes blancas y un jardín descuidado.

Reconocí la propiedad inmediatamente.

Mi padre me había llevado allí cuando yo tenía doce años. Solíamos pasar algunos fines de semana pescando en un pequeño estanque que había detrás de la casa.

Mi madre todavía vivía entonces.

Recuerdo que ella se sentaba en el porche y nos observaba mientras discutíamos sobre quién había atrapado el pez más grande.

Durante años había considerado aquel lugar mi refugio.

Ahora parecía abandonado.

Las ventanas estaban cubiertas