para ella, para Renata y, sobre todo, para los niños.”
Dolores lo llamó furiosa.
“Acabas de destruirnos.”
“No, mamá. Solo dejé de mentir.”
Durante las primeras visitas en Morelia, Sebastián entendió que la paternidad no se parecía a sus discursos de arrepentimiento. Era sentarse en el piso a armar rompecabezas. Era recordar que Diego no comía zanahoria si estaba mezclada con arroz. Era aprender que Mateo se ponía serio cuando tenía miedo y que Lucía necesitaba una lamparita encendida para dormir.
También conoció a Andrés Salgado.
Andrés era arquitecto, viudo,