el pasillo y una familia donde nadie tuviera que fingir perfección.
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Pero cuando la llevó por primera vez a la mansión familiar en Lomas de Chapultepec, doña Dolores sonrió
con la boca y la despreció con los ojos.
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“Qué linda eres, Mariana”, dijo durante la cena. “La sencillez tiene su encanto. Aunque una familia como la nuestra necesita algo más que encanto.”
Mariana entendió.
Sebastián fingió no entender.
Esa fue la primera herida.
La segunda llegó cuando doña Dolores exigió estudios médicos antes de cualquier compromiso formal.
“No