EL DÍA QUE MI MARIDO VOLVIÓ CON SU FAMILIA MILLONARIA, PEDÍ QUE ME ENVIARAN OTRO HOMBRE… Y TERMINÉ CASÁNDOME CON ALGUIEN QUE ÉL JAMÁS SE ATREVERÍA A OFENDER

que cocinarte tú mismo.

Sonrió.

—¿Puedo seguir viniendo a trabajar?

—Por supuesto. Todavía no hemos terminado de reparar el gallinero.

Se echó a reír.

Llegó el invierno.

Aprendí a leer cartas, escribir listas y llevar mis cuentas.

Lu Zheng me ayudó a organizar las ventas del arroz y las hortalizas.

Pero cuando propuso comprar maquinaria nueva, me negué a aceptar que la pagara él.

—No quiero que me mantengas.

—No he dicho que quiera hacerlo.

—Entonces, ¿qué propones?

Me mostró unos documentos.

Era un contrato de préstamo, con condiciones claras,