En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

4 días después de la desaparición, descubrió que no podía presentarse en el hospital y exigir que le entregaran a sus hijos.

La abogada de Lucía, Beatriz Ferrer, había organizado una reunión en su despacho para explicarle la situación.

—Su hija está evolucionando favorablemente —comenzó—….

Pero su esposa necesita garantías de que los niños estarán protegidos.

—Jamás les he hecho daño.

Beatriz abrió una carpeta.

—Hacer daño no siempre consiste en levantar la mano, capitán.

Javier permaneció en silencio.

—Hugo ha contado a una psicóloga infantil que tenía miedo de