En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

algunas condiciones.

Javier negó con la cabeza.

—No quiero utilizar un juzgado para obligar a mis hijos a querer verme.

Cuando finalmente pudo pasar una tarde con ellos, llegó a León con 40 minutos de antelación.

Martina corrió a abrazarlo.

Hugo permaneció junto a Lucía.

Javier no lo presionó.

Sacó de una bolsa un pequeño juego de construcción.

—He pensado que podríamos montarlo juntos.

Hugo lo observó.

—¿Y no tendrás que marcharte antes?

La pregunta le dolió.

—Hoy he venido para estar contigo.

—Eso decías antes.

Javier se agachó hasta