antiguo.
Comprendió que nunca recuperaría la vida que había perdido por no saber valorarla.
Pero podía cuidar la relación que todavía tenía con sus hijos.
En León, Lucía acostó a Martina, apagó la luz y cerró suavemente la puerta.
Su hija ya no recordaba las noches heladas de Jaca.
Hugo tampoco necesitaba comprobar si el radiador seguía caliente.
Lucía se quedó contemplándolos con una sonrisa.
Años atrás había salido de casa con 2 maletas, 2 niños y un miedo inmenso al futuro.
No sabía si conseguiría trabajo ni cómo saldría