se cerró con fuerza.
Rafael habló hacia la oscuridad, como si supiera que Dante lo escuchaba.
—No des otro paso, Moretti.
Dante salió de las sombras.
—Suelta a la niña.
Rafael rió.
—Siempre dando órdenes.
—Suelta a la niña, Rafael.
—No. Esta niña es mi salida.
—No tienes salida.
—Claro que sí. Tengo a la viuda, a la hija y la prueba que tu padre habría matado por esconder.
Dante se detuvo.
Mi sangre se heló.
Su padre.
Dante habló lentamente:
—Mi padre está muerto.
—Pero sus pecados no.
Rafael