Miguel siempre quiso una.
Decía que algún día venderíamos pan dulce, café fuerte y galletas de limón. Yo me reía porque él ni siquiera sabía hornear sin quemar la bandeja.
La llamé La Estrella de Sophie.
En la pared, puse una foto de Miguel con harina en la nariz.
Y, junto a la caja registradora, una foto de Bruno dormido bajo una mesa, con Sophie sentada encima de él leyendo un cuento.
La inauguración fue discreta.
O eso intenté.
Teresa envió flores.
Nico apareció con el brazo en cabestrillo, compró