indignante.
Entró a nuestra habitación, abrió mis cajones y se probó unos aretes que habían pertenecido a mi madre.
Después roció mi perfume sobre sus muñecas.
Finalmente, encontró una memoria USB dentro de una cajita junto a la cama.
Tenía una etiqueta escrita a mano:
“Recuerdos de mamá”.
Beatriz la examinó durante unos segundos.
Y también se la guardó.
Cuando vi aquello, tuve que sentarme.
Mi madre había fallecido dos años antes. Aquella memoria contenía fotografías familiares y grabaciones de su voz que yo conservaba como uno de mis mayores