Aprendimos a hablar de lo ocurrido sin convertir cada conversación en una nueva pelea.
Finalmente depositamos nuestros ahorros en el banco y retomamos nuestros planes para comprar una casa.
Por las mañanas, podía salir a trabajar sin preguntarme quién estaría revisando mis cajones mientras yo enseñaba a mis alumnos.
El departamento volvió a sentirse nuestro.
De Beatriz supimos poco.
Una conocida nos comentó que había empezado a colaborar en una biblioteca comunitaria, ayudando a ordenar libros y preparar actividades de lectura.
También había dejado de asistir a tantas reuniones sociales.