interrumpió las risas en la terraza.
Teresa corrió hacia la ventana principal de la sala. Al apartar la cortina, su rostro perdió todo el color:
—Rodrigo… ven acá ahora mismo.
Rodrigo se levantó de la mesa, molesto:
—¿Qué pasa ahora?
Tres patrullas de la policía estatal estaban estacionadas frente al portón y cuatro agentes uniformados ingresaban al patio delantero.
Detrás de ellos venía mi hermana mayor con paso firme.
Y junto a ella, apoyada en su brazo, caminaba mi madre.
Al verla cruzar la reja, sentí que la garganta se