familiar se vea comprometida.
—Soy su padre —dije, sintiendo que la garganta se me apretaba.
Osvaldo soltó una risita burlona y se ajustó las mancuernillas de oro:
—Padre biológico, claro. Pero todos aquí sabemos quién financió sus academias privadas de preparación y quién le abrió las puertas en los círculos adecuados. Si te sientas en la primera fila con nosotros, la gente va a pensar que trajimos al mecánico del muelle. Ve a buscar asiento al fondo; hazlo por su bien.
Miré a Rocío una vez más, esperando que levantara