pudo conseguir.
Rosa lo escuchó trabajar por las noches.
Cuando preguntó para quién eran unos zapatos tan pequeños, él respondió:
—Para alguien que tiene un camino largo por delante.
Talló una nueva horma.
Preparó las piezas, repitió las puntadas dobles y trabajó las suelas con el mismo cuidado.
Al terminar, marcó los tacones.
Dejó el par junto al mechero y mantuvo la puerta sin tranca.
A la mañana siguiente ya no estaba.
En la escarcha aparecieron otras huellas pequeñas.
También llevaban el triángulo.
Avanzaban hacia el cerro, aunque en algunos
Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados