plato de frijoles tengo para seguir mañana.
Miré al perro, que temblaba bajo el aguacero. Después observé a la cabra, cuya barriga parecía demasiado pesada para continuar caminando.
Tenía miedo. Pero también necesitaba ayuda.
—Puede arreglar la cerca de atrás —respondí—. Le daré comida. Después seguirá su camino.
—Como usted diga.
Se llamaba Efraín.
Abrí el portón apenas lo necesario. Él amarró cuidadosamente la cabra junto al cobertizo y acomodó al perro bajo el tejabán.
Le serví frijoles de la olla, arroz y un pedazo de queso fresco. Comió sentado