personal de atención a menores. Expliqué lo ocurrido, mostré el relicario sin quitárselo a Violeta y di mi nombre. Me pidieron que no llevara a las niñas a mi casa antes de que interviniera la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes. Tenían razón, aunque me desgarró escuchar a Vera preguntar si otra vez iban a separarlas.
—No voy a desaparecer —le prometí—. Mañana sabrán dónde encontrarme.
Valeria lloró cuando las vio subir al vehículo de apoyo. Le dije que un parentesco no se demostraba con promesas y que