paciente llamada Laura Mendoza había ingresado allí 5 años atrás por daño cerebral tras una hemorragia obstétrica. Ofelia pagaba sus cuidados y controlaba las visitas.
En una habitación junto a una ventana estaba Lucía.
Tenía el cabello corto, una cicatriz en la sien y una mano rígida sobre la silla de ruedas. Había envejecido, pero aún apretaba los labios y levantaba la barbilla para no llorar.
—Gabriel —dijo, despacio.
—Te creí muerta.
—Y yo creí que me habías abandonado.
Quise abrazarla. Ella me pidió que esperara. Después extendió su mano